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Bunkaru, el milenario teatro de títeres japonés

Con el nombre de Bunkaru es conocida la antigua tradición artística del teatro de marionetas japonés, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII. Se cree que la primera obra de teatro Bunkaru representada data del año 1685.

El Bunkaru deriva del primitivo teatro de títeres de Japón, el cual tenía un carácter religioso y sagrado. Con el tiempo los muñecos dejaron de representar solo a deidades y pasaron a contar hechos históricos, leyendas e historias con mayor contenido humano.

La palabra Bunkaru proviene del nombre de una antigua y famosa sala teatral llamada Bunkaruza, en la ciudad de Osaka, donde primeramente se desarrolló el movimiento. Junto con el Teatro Noh y el Kabuki, constituyen las tres principales tradiciones del arte teatral del Japón y son considerados patrimonio artístico de la humanidad.

Bunkaru

Características del títere Bunkaru

Los títeres en el teatro Bunkaru tienen un gran tamaño, en una proporción de aproximadamente un tercio de la figura humana. Están fabricados en madera y sus partes son desmontables. Su vestuario y accesorios son particularmente ricos y suntuosos, y los artesanos ponen el mayor esmero en su diseño y elaboración.

En el Bunkaru los títeres son manejados por medio de varillas. Una vara más gruesa atraviesa verticalmente el torso del muñeco y sobre su extremo descansa la cabeza. Los rostros poseen un mecanismo interno muy preciso, por medio del cual son capaces de mover ojos, cejas, pestañas y boca, dándole una gran capacidad de expresión a la marioneta.

La cabeza está fabricada en yeso o porcelana y tanto el rostro como los cabellos están elaborados con gran minuciosidad y riqueza de detalles, resultando en sí mismas verdaderas obras de arte.

Manejo del Bunkaru

Para la manipulación de estos títeres se necesitan tres personas. El titiritero mayor, llamado Omozukai, sujeta el cuerpo del muñeco por detrás mediante la vara oculta en su torso, que también le da movimiento a la cabeza. Con una varilla controla el accionar del brazo derecho.

El brazo izquierdo de la marioneta es manejado por un ayudante y las piernas por otro. Las figuras femeninas no llevan piernas, ya que el largo vestido que usan las ocultan. En este caso el tercer ayudante controla el movimiento del vestido y simula la figura de las piernas debajo de la tela.

El entrenamiento para lograr que los movimientos de los títeres de Bunkaru sean perfectamente coordinados es largo y muy exigente. Maestro y ayudantes deben tener entre sí una extraordinaria comunicación para lograr el asombroso resultado que observa el público espectador.

Tanto el primer como el segundo ayudante van vestidos de negro y cubren sus cabezas con capuchas del mismo color, para producir la impresión de vacío en el escenario. Solo el maestro titiritero lleva descubierta su cabeza, viste con trajes de gala tradicionales y usa zuecos de alta plataforma.

Dentro de los titiriteros del Bunkaru la jerarquía es rígida y estricta. Un titiritero mayor, para llegar a obtener ese grado, debe haber pasado mínimo veinte años como ejecutante secundario. La preparación y el estudio son constantes y rigurosos y requieren una dedicación total.

El titiritero mayor y sus dos ayudantes conforman una unidad perfectamente sincronizada, que trabaja en armonía y constante comunicación. A pesar de estar expuestos a la vista del público, logran desaparecer de la atención del mismo, haciendo que las marionetas den la prodigiosa impresión de poseer movimiento autónomo.

La magia del teatro Bunkaru

Las representaciones del teatro Bunkaru incluyen, además de los personajes encarnados por los títeres, la participación de músicos que ejecutan durante la obra el shamisen, instrumento de tres cuerdas típico del Japón. La música acentúa las emociones expresadas por los títeres y además acompaña la narración que efectúa el actor designado para este papel.

El narrador dirige el desarrollo de la historia a través de un guion que va recitando, en el cual se narran los hechos y situaciones que atraviesan los personajes. Su importancia es fundamental para hacer participar al público en la atmósfera del relato que se escenifica ante sus ojos.

Los temas que toca el teatro Bunkaru pueden ser acontecimientos históricos del pasado japonés, guerras y conflictos, pero también son representadas historias de amor, mitos, dramas y tragedias pertenecientes a la rica tradición literaria del país asiático.

Las emociones humanas más comunes como amor, celos, odio, envidia, son expresadas mediante los sutiles gestos y movimientos coordinados de los títeres.

El arte del teatro de títeres Bunkaru requiere una disciplina y un cuidado extremo hasta en los más mínimos detalles.

Solo la conjunción de elementos como la música, la palabra recitada, la escenografía y el vestuario pueden lograr esa indefinible sensación que hace que el espectador se vea sumido en un sueño, en una fantástica realidad que mágicamente cobra vida ante sus ojos.

El Bunkaru es considerado hoy una de las artes patrimoniales del Japón y de la humanidad.

Su antiquísima tradición y su condición de arte único dentro del género del teatro de títeres lo convierten en una de las joyas de la creación artística humana. Actualmente sigue despertando asombro y admiración entre el público de diversas regiones del mundo.